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viernes, 30 de noviembre de 2012

Tinkunaco 2.014/12 - En África

Conn Hallinan




Por Conn Hallinan, Counterpunch-. Probablemente África sea la región más compleja y más conflictiva en el mundo. Mientras el mundo demuestra su preocupación por el conflicto en Siria y los peligros que representa para Medio Oriente, pocas son las noticias que llegan sobre la guerra en el Congo, una tragedia que ya se ha cobrado la vida de 5 millones de vidas humanes, al lado de la cual, la crisis en Siria, empalidece.
África representa el 15% de la población mundial, pero sólo el 2,7% del Producto Bruto Interno (PBI) mundial. El mismo se concentra en 5 de los 49 países sub-saharianos. Sólo dos países (Sudáfrica y Nigeria) representan cerca del 33% de la economía del continente. La expectativa de vida es de 50 años, y es considerablemente menor en aquellos países devastados por el virus del HIV. El hambre y la desnutrición actualmente son peores que una década atrás.
Al mismo tiempo, África es un continente rico en petróleo, gas, hierro, aluminio y otros minerales raros. Hacia 2015, los países del Golfo de Guinea proveerán el 25% de las necesidades energéticas de los EE.UU. África posee como mínimo, el 10% de las reservas mundiales de petróleo conocidas. Solamente Sudáfrica posee el 40% de todas las reservas naturales mundiales de oro. El continente contiene más de un tercio del cobalto mundial y provee a China -la segunda economía mundial- del 50% del cobre, mineral de hierro y aluminio que necesita.
Pero la historia ha vuelto las cosas en contra de África. El comercio de esclavos y el colonialismo ocasionaron profundas y perdurables heridas en la región, heridas que continúan sangrando hoy en día. Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, España y Portugal desmembraron el continente sin la menor consideración por el pasado africano y su población. La gran mayoría de las guerras que asolaron -y que asolan- África en el presente son un resultado directo de la distribución del continente y los nuevos mapas trazados desde las oficinas de relaciones exteriores europeas, para delinear dónde y cómo saquear el continente.
Durante la década pasada, el mundo se ha vuelto sobre su cabeza. China, anteriormente cautiva de los poderes coloniales europeos, hoy en día es el mayor socio económico de África, seguido de cerca por India y Brasil. El consumo está creciendo, mientras el Banco Mundial predice que hacia 2015 el número de nuevos consumidores africanos igualará al de Brasil
En síntesis, el continente está repleto de economías vibrantes y de un enorme potencial que no pasa desapercibido en distintos centros de poder mundial. “La pregunta que se hacen los empresarios de las grandes compañías de productos para el consumo ha dejado de ser si ingresan o no a la región, sino cuándo y cómo”, asegura un informe de la consultora A.T. Kearney. Las negociaciones de África en torno a su nuevo estatus mundial no sólo tendrán un profundo impacto en su gente, sino en toda la comunidad global. África se ha constituido en la última frontera para los inversores mundiales.
El historial de los EE.UU. en África es vergonzoso. Washington apoyó el régimen de apartheid en Sudáfrica y respaldó a los líderes más corruptos y reaccionaros del continente, incluido el despreciable Mobutu Sese Seko en el Congo. Como parte de su estrategia en la Guerra Fría, los EE.UU. cooperaron y fomentaron las guerras civiles de Mozambique, Angola y Namibia. Los norteamericanos tienen muchas preguntas que responder respecto de África.
Militarización
Si fuera posible caracterizar la política de los EE.UU. para África con un concepto, ese sería la militarización creciente de su diplomacia en el continente. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, Washington posee significativas fuerzas militares en África, supervisadas por una organización recientemente creada: AFRICOM.
Los EE.UU. poseen entre 12.000 y 15.000 marines e integrantes de sus Fuerzas Especiales en Djibouti, una antigua colonia francesa, en la costa del Mar Rojo. Posee 100 soldados de sus Fuerzas Especiales en Uganda, supuestamente combatiendo al Ejército de Resistencia del Señor. En el año 2007 colaboró activamente con Etiopía en su invasión a Somalia, incluyendo el uso de su armada naval para bombardear el sur del país. Actualmente están reclutando y entrenando fuerzas africanas para combatir a Al-Shabab, organización islámica extremista de Somalia, y lleva a cabo entrenamientos contra-terrorismo en Mali, Chad, Níger, Benín, Camerún, República Central de África, Etiopía, Gabón, Zambia, Malawi, Burkina Faso y Mauritania.
Desde que las operaciones de las fuerzas militares norteamericanas involucraron a sus Fuerzas Especiales y a la CIA, se ha hecho difícil determinar qué tan extendido es ese involucramiento. De todas formas, John Pike de GlobalSecurity.org considera que “es mucho mayor de lo que cualquiera se imagina”.
En conjunto, puede decirse que las aventuras militares de los EE.UU. no han tenido un final feliz. La invasión de Etiopía desplomó a los moderados de la Unión de Tribunales Islámicos, transformando al grupo Al-Shabab de actor principal. La crisis actual de Mali ha sido causada por la guerra de la OTAN en Libia -gestada por el AFRICOM. En Mali, los Tuaregs locales y los grupos islámicos se apoderaron de la región norte del país, gracias al armamento robado de los arsenales de Muammar el-Qaddafi. El respaldo dado por el AFRICOM al ataque de Uganda contra el Ejército de Resistencia del Señor en la República Democrática del Congo resultó en la muerte de miles de civiles.
Mientras la administración Obama ha llenado el continente africano con soldados y armas, ha abandonado la lucha por la reducción de la pobreza. A pesar del plan de las Naciones Unidas para el Desarrollo del Milenio adoptado en el año 2000, África subsahariana no alcanzará las metas del programa para la reducción del hambre, la pobreza, y la mejora  de la salud de niños y madres. Antes que incrementar la ayuda, tal como el plan lo requiere, los EE.UU. han reducido esa ayuda o han empleado la condonación de deuda externa como una forma de cumplir sus obligaciones.
Al mismo tiempo, Washington ha incrementado la ayuda militar y la venta de armas. Y particularmente algo que África no necesita es más soldados y más armas.
Existe un número de iniciativas que la administración Obama podría tomar, las que harían una diferencia material en la vida de cientos de millones de africanos.
Primero, podría cumplir con las metas del Milenio de las Naciones Unidad, incrementando la ayuda al 0,7% de su PBI, y dejar de usar la condonación de deuda como parte de la fórmula. Cancelar las deudas es una buena idea, al permitir a distintos países redestinar sus recursos financieros para mejorar los sistemas de salud y su infraestructura. Pero considerar esa condonación como parte de un paquete de ayuda humanitaria es mezclar peras con manzanas.
Segundo, los EE.UU. deben desmilitarizar su diplomacia en la región. De hecho, tal como lo ejemplifican Somalia y Libia, las soluciones militares muchas veces empeoran la situación. Detrás de la consigna de la “guerra contra el terror”, los EE.UU están entrenando soldados a lo largo del continente. La historia ha demostrado que esos soldados están tan dispuestos a destituir los gobiernos civiles tanto como combatir a los “terroristas”. Amadou Sanogo, el capitán que destituyó el gobierno de Mali el pasado mes de marzo, desde cuando se inició la actual crisis, fue entrenado en los EE.UU.
También está el problema de quiénes son los “terroristas”. Virtualmente, todos los grupos así designados se enfocan en cuestiones locales. El grupo Boko Haram de Nigeria, ciertamente es una organización letal, pero ha sido la brutalidad de las fuerzas policiales y militares de Nigeria lo que ha encendido su fuego, y no al-Qaeda. El “fantasma” del continente, Al-Qaeda y su despliegue en el Magreb, constituye una amenaza pequeña y aislada, y representa un punto de vista más que una organización. La persecución de “terroristas” en África puede terminar enfrentando los EE.UU. contra los grupos insurgentes del Delta del Níger, los bereberes en el Sahara Occidental, y los Tuaregs en Níger y Mali.
África necesita ayuda y un comercio orientado a la creación de infraestructura y puestos de trabajo. Vender petróleo, cobalto y oro genera ingresos de divisas, pero no puestos de trabajo permanentes.  El apego de los EE.UU. al “libre comercio” obstaculiza la posibilidad de esos países para construir economías modernas.
Actualmente los africanos no pueden competir con las grandes industrias del “primer mundo” -muchas veces subsidiadas. Tampoco pueden construir una infraestructura agrícola cuando sus agricultores locales no pueden competir con los precios subsidiados del trigo y el maíz norteamericano. Debido a esos subsidios, el trigo norteamericano se vende a un 40% por debajo de su costo de producción, y el maíz a un 20%. Resumiendo, los africanos necesitan “proteger” sus industrias -tal como lo han hecho los EE.UU. en su etapa industrial temprana- hasta que puedan estabilizarse. Países como Japón o Corea del Sur siguieron esta fórmula con éxito.
La Fondo Carnegie y la Comisión Europea determinaron que el “libre comercio” terminará por destruir la agricultura de pequeña escala en África, tal como lo hizo en México con los agricultores de maíz. Dado que el 50% del PBI de África se genera a partir de la actividad agrícola, el impacto sería desastroso, llevando a que los pequeños agricultores pierdan sus tierras y a la sobrepoblación de las ciudades donde los servicios sociales ya son insuficientes e inadecuados.
La administración Obama tampoco debería hacer de África un terreno de combate en su competencia con China. El año pasado, la Secretaria de Estado Hillary Clinton describió las prácticas comerciales de China con África como un “nuevo colonialismo”, una definición poco compartida en el continente. Un estudio del Pew Research Center demostró que los africanos ven el involucramiento de China en la región considerablemente de forma más positiva que aquel de los EE.UU.
Jacob Zuma, presidente de Sudáfrica, recientemente ha elogiado las “relaciones con China”, pero también aseguró que el “patrón de comercio vigente” no es sustentable, dado que no aporta a la construcción de una base industrial para África. Recientemente China prometió una inversión de 20 billones de dólares en ayuda para infraestructura y agricultura.
Otra de las situaciones alarmantes en África es la “fiebre por la tierra”  para agricultura, de parte de países que van desde los EE.UU. hasta Arabia Saudita. Considerando el cambio climático y el crecimiento poblacional, los alimentos, tal como lo asegura el Der Spiegel, “son el nuevo petróleo”. La tierra es abundante en África, y su costo representa un décimo del costo de la tierra en los EE.UU. La mayoría de la producción generada por los inversores extranjeros es de escala industrial, y conlleva al agotamiento de la fertilidad de la tierra y la degradación del ambiente por el uso masivo de pesticidas y fertilizantes. La administración Obama debería adoptar el exitoso modelo de “agricultura por contrato”, donde los inversores aportan capital y tecnología a los pequeños agricultores, estos mantienen la propiedad sobre sus tierras, y se garantiza el precio para sus productos. Este modelo no sólo elevaría la eficiencia de la agricultura, también aportaría empleos para la población local.
La administración Obama no debería minar sino fortalecer las organizaciones regionales. La Unión Africana intentó encontrar soluciones pacíficas a la crisis en Libia, dado que sus miembros consideraban que la guerra podría expandirse y desestabilizar los países en la región del Sahara. La administración Obama y la OTAN ignoraron deliberadamente los esfuerzos de la Unión Africana. Las predicciones de dicha organización se demostraron proféticas.
La administración Obama debería unirse a India y Brasil y pujar por la designación de un país africano como miembro permanente del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas -Sudáfrica, Nigeria, o ambos. India y Brasil también deberían ser designados miembros permanentes. Actualmente, los miembros permanentes del Consejo de Seguridad representan a los ganadores de la Segunda Guerra mundial: EE.UU., Rusia, China, Francia y Gran Bretaña.
En 1619, un barco holandés llegó a Virgina, EE.UU. e intercambió su carga de esclavos africanos por alimentos, dando inicio así al comercio que destrozaría el corazón del continente africano. Nadie sabe con certeza cuantos africanos fueron transportados al Nuevo Mundo. Sin dudas ese número supera decenas de millones. Al día de hoy África refleja el horror del comercio de esclavos y la brutal explotación colonial que le siguió. Es tiempo de enmendar el daño que se ha hecho.
Edición de fin de semana, 23-25 de noviembre, 2012
Puede leerse el trabajo de Conn Hallinan en  dispatchesfromtheedgeblod.wordpress.com y middleempireseries.wordpress.com

Traducido del inglés al castellano por PIA Noticias
Nota original en: http://www.counterpunch.org/2012/11/23/into-africa-2/

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