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jueves, 17 de agosto de 2017

Tinkunaco 1.737/17 - Página 12 - El oficialismo desbocado juega con las instituciones

17 de agosto de 2017
 
El Consejo de la Magistratura suspendió a Eduardo Freiler y le abrió juicio político
 
El oficialismo desbocado juega con las instituciones
 
Cambiemos aprovechó la mayoría circunstancial que reunió en el Consejo tras forzar el apartamiento del cuerpo kirchnerista Ruperto Godoy para avanzar contra el magistrado. Se apuró a consumar la maniobra antes de que la Corte Suprema le tomara juramento al senador peronista Mario Pais, reemplazante de Godoy.
 
Imagen: Télam
 
El macrismo en el Consejo de la Magistratura se aprovechó de una mayoría circunstancial conseguida ante la ausencia por horas de un consejero opositor y aprobó  por 8 a 4 el juicio político contra el camarista Eduardo Freiler. El magistrado fue acusado por “mal desempeño en sus funciones“ y quedó suspendido en su cargo.

Freiler, miembro de la Sala I de la Cámara Federal, estaba en la mira del gobierno de Mauricio Macri. Durante una tumultuosa sesión, el macrismo pidió que se trate su caso y sacó ventaja de la ausencia del senador chubutense Mario Pais, quien esta tarde iba a jurar en ese cargo ante la Corte.

El advenimiento de Pais en ese cargo fue decidido ayer, luego que el juez en lo Contencioso Administrativo Federal, Enrique Lavié Pico, dispusiera la ejecución de la sentencia que  inhabilita al senador sanjuanino Ruperto Godoy como consejero por no contar con el título de abogado, un requisito que la Constitución no exige para ser legislador nacional.

Lo que se pactó ayer fue que Pais asumiría el cargo del que fue apartado a Godoy luego de prestar juramento esta tarde. Hasta entonces, ese asiento en el Consejo de la Magistratura quedaría vacío y el macrismo tendría una mayoría circunstancial y temporal de la que finalmente se aprovechó yendo por la banquina.

Con esa mayoría especial votó la elevación a juicio político del camarista al que Macri quiso desplazar desde su asunción. La maniobra fue posible por la conjunción del fallo de Lavié Pico, la baja transitoria en los asientos de la oposición y el retraso del trámite de aprobación para el ingreso de Pais.

La embestida contra Freiler había sido frenada en junio pasado. La acusación formal en su contra, votada en la Comisión de Disciplina y Acusación, fue por presunto enriquecimiento ilícito y mal desempeño de sus funciones sobre la base de tres denuncias conexas.

En esa sesión, el representante de los académicos en el Consejo de la Magistratura, Jorge Candis, denunció que detrás de las acusaciones contra el camarista había una “revancha” por los fallos que este había dictado “contra algunos sectores” del poder económico y mediático.

Tinkunaco 1.736/17 Página 12 - Cómo fue la maniobra oficialista contra Freiler Con la ayuda de Lorenzetti

17 de agosto de 2017
 
Cómo fue la maniobra oficialista contra Freiler
 
Con la ayuda de Lorenzetti
 
El titular de la Corte Suprema convocó a primera hora a Mario Pais para tomarle juramento como consejero, pero después le dijo que no podía jurar y que se quedara tranquilo porque el expulsado Ruperto Godoy podía seguir en el Consejo de la Magistratura hasta que cumplimentara el trámite. Cambiemos hizo el resto del trabajo y avanzó contra Freiler.
 
Imagen: Bernardino Avila
 
En una maniobra calculada y con la colaboración del presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, el macrismo del Consejo de la Magistratura suspendió e inició juicio político al camarista federal Eduardo Freiler. El oficialismo aprovechó una mayoría circunstancial que se generó por la expulsión del senador del Frente para la Victoria Ruperto Godoy determinada por una sentencia judicial y por la decisión de Lorenzetti de postergar por unas horas la jura de su suplente, el senador Mario Pais.


Para iniciar un jury se necesitan dos tercios de los votos. Con la composición habitual de trece miembros del organismo, hacen falta nueve. Como a Godoy le impidieron votar por considerarlo fuera del cuerpo,  dieron por buenos los ocho votos.  El desenlace no es un hecho aislado sino parte de un proceso de colonización del Poder Judicial que inició Mauricio Macri con el nombramiento por decreto de dos jueces de la Corte Suprema apenas asumió la presidencia.
Freiler integra una suerte de lista negra de los jueces que el Gobierno quiere echar porque no le agradan sus decisiones: en su caso, por ejemplo, haber insistido en la indagatoria de los CEOs de Clarín y La Nación por la apropiación de Papel Prensa, apartar a Claudio Bonadio del caso Hotesur y avalar el archivo de la denuncia  de Alberto Nisman contra Cristina Fernández de Kirchner por encubrimiento.
El oficialismo ya había intentado votar el juicio político contra Freiler por supuesto enriquecimiento ilícito pero no consiguió los votos, porque el académico Jorge Candis no estaba de acuerdo. La dificultad de en varios casos para alcanzar la mayoría, dado que el cuerpo está dividido y hay uno o dos consejeros que no votan siempre igual, derivó en iniciativas para intentar incidir en la conformación del organismo.

La denuncia de un ex consejero macrista, Alejandro Fargosi, fue la que marcó la suerte de Godoy. El juez en lo contencioso administrativo Enrique Lavié Pico le dio la razón al decir que el senador no podía ser consejero por no tener título de abogado.

Lavié Pico es el mismo juez que tiene una denuncia contra el diputado macrista Pablo Tonelli por quedarse con una banca del Consejo de la Magistratura que le corresponde al Frente para la Victoria, pero nunca la resolvió. La Cámara del fuero avaló la exclusión de Godoy y la semana pasada ordenó ejecutar la sentencia. El kirchnerismo designó un nuevo suplente para el senador ante la posibilidad de que no pudiera asumir. El anterior, Rodolfo Urtubey, ya no les inspiraba confianza desde que se acercó al oficialismo.  Esta semana eligieron a Pais. Lo que vino después fue una secuencia increíble.
Lorenzetti había convocado a Pais para tomarle juramento a las 9 de la mañana. El senador llegó junto con Godoy y con su par Virginia García. El plenario del Consejo estaba para convocado para las 10. El tema “Freiler” estaba en la mitad del orden del día. El presidente supremo de pronto les dijo que debería postergar la jura porque hacía falta que todos los jueces de la Corte firmaran una acordada para hacerlo, algo inédito que dejó perplejos a los tres senadores. Según relataría después García en el plenario, les dijo que se quedaran tranquilos, que Godoy podía seguir integrando el plenario hasta que la Corte se pronunciara sobre su situación. Pero desde el Consejo les avisaban que el plenario estaba por comenzar, y que podía pasar cualquier cosa. Y así fue. Godoy y García cruzaron corriendo la plaza Lavalle, en diagonal hacia el Consejo, que está sobre la calle Libertad. Ambos se sentaron en el plenario.

La presidenta del Consejo, la abogada macrista Adriana Donato, dijo que iban a cambiar el orden del día y que primero que nada trataría el pedido de suspensión de Freiler, impulsado por un dictamen de Tonelli.  El respresentante del Gobierno, Juan Mahiques, pidió que se votara sin discusión. La oposición comenzó a protesar y pidió la palabra. Cuando Godoy quiso hablar Donato le dijo que no estaba habilitado. García relató lo que había pasado en la Corte, y que la jura de Pais sería al mediodía. Pero a la mayoría no le importó nada. Ni siquiera llegaron a levantar la mano los ocho oficialistas (entre legisladores, abogados y jueces) que ya dieron por aprobada la suspensión y apertura del jury.  

Entre las varias estrategias que viene desplegando para penetrar y disciplinar al Poder Judicial, el oficialismo del Consejo hizo entrar por la ventana a Carlos Mahiques, el padre del consejero, a la Cámara de Casación Penal con un traslado definitivo pese a pertenecer a otra jurisdicción y no haber concursado para ese cargo; nombró como subrogante (tras fracasar en darle un traslado definitivo) en el juzgado electoral de La Plata a Juan Manuel Culotta, cercano a Macri, que era de Tres de Febrero  y ahora hará el escrutinio de las elecciones del domingo último en el distrito más grande; con una ley sancionada a fin de 2016, están armando los tribunales orales federales, trasladando jueces que se votan con mayoría simple del Consejo: son los jueces que juzgarán casos de corrupción del kirchnerismo y el macrismo.


Tinkunaco 1.735/17- Re: [alai-amlatina] Alainet.org Al Día - 17/08/17

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Tinkunaco 1.734/17 - Re: [alai-amlatina] EUA: Cuando la historia se anuncia en una pequeña aldea

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Cuando la historia se anuncia en una pequeña aldea

Jorge Majfud

ALAI AMLATINA, 17/08/2017.- A finales de 2015, cuando el precandidato republicano Donald Trump dominaba las encuestas dentro de su partido, un amigo que vive en Buenos Aires me escribió entusiasmado con el posible triunfo del millonario. “Muchas cosas van a cambiar --dijo--, entre ellas las tonterías de lo políticamente correcto”. El desafío a lo políticamente correcto ha sido un ejercicio permanente en la academia (aunque no en la mayoría de los académicos) por décadas, sino por siglos. Eso no lo inventó Trump. Pero a veces lo políticamente correcto (como el respeto de los derechos y libertades de todos por igual, sean negros, mujeres u homosexuales) es, simplemente, lo correcto.

Mi amigo es judío y, a mi forma de ver, es uno de los que confunde el judaísmo y a los judíos con el gobierno de Israel. Aunque es una persona culta, su visión a corto plazo solo le permitió ver que Trump tiene un yerno judío y una hija convertida al judaísmo y que su retórica pro Israel y anti islámica no era menor que la del resto de los candidatos. Sin embargo, observé, no es casualidad que la gran mayoría de los judíos en Estados Unidos que no pertenecen a la minúscula clase de los millonarios han votado tradicionalmente por la izquierda, como no es casualidad que los mexicanos sean culturalmente conservadores y políticamente liberales, mientras los cubanos de Miami son culturalmente liberales y políticamente conservadores. Eso no es difícil explicar, pero ahora es harina de otro costal.

“Tal vez cambies de opinión --le escribí-- cuando Trump llegue a la presidencia y comencemos a ver banderas nazis desfilando por las calles”.

No sé si mi amigo habrá cambiado de opinión. Según las estadísticas, quienes apoyan a Trump están convencidos que jamás dejarán de hacerlo, más allá de las circunstancias. Lo cual revela un componente irracional y religioso. Como hemos insistido antes, sólo la economía podrá poner los valores morales del presidente en cuestión. En otros casos, ni eso.

Hay un detalle aún más significativo: quienes ondean banderas nazis y confederadas, quienes revindican al KKK, ya no lo hacen cubriéndose los rostros. Este es un sutil signo de que las cosas se pondrán aún peores, no porque no les reconozca derecho a la libertad de expresión, sino por todo lo demás.

En el país existen cientos de grupos racistas y violentos. La ley no los puede tipificar como terroristas (la expresión “terrorismo doméstico” es solo una expresión sin categoría legal) porque no existen los terroristas estadounidenses si masacran a mil personas en nombre de alguna organización doméstica. Para ser considerado terrorista, un terrorista debe ser ciudadano de otro país o trabajar para algún grupo extranjero. Esos “consorcios domésticos” todavía no se han sincronizado en una red mayor, pero ya han cruzado la línea que separa el odio íntimo de la ideología articulada del odio. En consecuencia, ya no usan mascaras.

Veamos un hecho puntual y reciente. En una conferencia de prensa, el presidente Donald Trump ha defendido la permanencia de los monumentos que celebran los ideales de la Confederación, argumentando que también George Washington y Thomas Jefferson tuvieron esclavos. Exactamente las mismas palabras que un manifestante pro nazi dijo en un video que circuló en las redes sociales dos días antes, otra muestra de que el presidente representa a la nueva generación: no lee ni se contiene para insultar en los foros a pie de página.

Durante años, tanto en los periódicos como en mis propias clases, he insistido sobre la doble moral de los Padres fundadores con respecto a los esclavos, cuando la declaratoria de la independencia reconocía “como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. O, cuando una década después, en la constitución se hacía celebre la primera frase “Nosotros el pueblo” y en realidad excluía a la mayoría de los habitantes de las trece colonias primero y más tarde de los territorios centrales usurpados a los indios y, finalmente, del resto donado por los mexicanos.

Sin embargo, comparar a Jefferson con el general Robert Lee es una manipulación histórica en base a los intereses racistas y clasistas del momento. Lo que celebramos de Jefferson no es que tenía esclavos y una amante mulata a la que nunca liberó, como sí lo hizo el gran José Artigas con su muy íntimo (relación nunca estudiada en serio) amigo Ansina. Lo que reconocemos de Jefferson es haber impulsado la historia hacia la dirección correcta en base a ciertos valores de la Ilustración.

El general Lee y todos los líderes y símbolos de la Guerra Civil no representan ninguno de esos valores que hoy consideramos cruciales para la justicia y la sobrevivencia de la especie humana sino todo lo contrario: representan las fuerzas reaccionarias, arrogantes, criminales que, por alguna razón de nacimiento, se consideran superiores al resto y con derechos especiales.

Como ya nos detuvimos en otros escritos, un análisis cuidadoso de la historia de Estados Unidos desde la rebelión de Nathaniel Bacon en 1676, exactamente cien años antes de la fundación de este país, muestra claramente que le racismo no era ni por lejos lo que comenzó a ser desde finales del siglo XVII. Si bien el miedo o la desconfianza a los rostros ajenos es ancestral, la cultura y los intereses económicos juegan roles decisivos en el odio hacia los otros. Las políticas deliberadas de los gobernadores y esclavistas de la época fue inocular ese odio entre las “razas” (indios, blancos y negros) para evitar uniones y futuros levantamientos de la mayoría pobre.

El racismo, una vez inoculado en una cultura y en un individuo, es uno de los sentimientos más poderosos y más ciegos. En tiempos de prosperidad económica, los blancos de clase media para arriba culpan a los pobres, sobre todo a los pobres negros, por su propia pobreza. La ética calvinista asume que uno recibe lo que merece, primero por voluntad divina, segundo por mérito propio. Pero cuando la economía no va del todo bien y esos mismos blancos razonables se descubren sin trabajo y sin la prosperidad de sus padres, inmediatamente se convierten en blancos supremacistas o, como mínimo, en blancos xenófobos bajo una amplia variedad de excusas. Entonces, ser pobres ya no es culpa ni de Dios ni de ellos mismos sino de los negros y de los extranjeros que vienen a quitarles sus trabajos.

Para el presidente Trump, en Charlottesville (ciudad fundada por indios y residencia de Jefferson y Madison) hubo dos grupos que chocaron y la responsabilidad es de ambos por igual, unos de izquierda y otros de derecha. Poner las cosas dentro de esta antigua clasificación, izquierda y derecha, hace lucir el problema como algo horizontal, como una cuestión de meras opiniones políticas, ambos igualmente responsables de todo el mal. Como en la teoría de los dos demonios en el Cono Sur, aquí se mide igual la violencia racista que la reacción antirracista. Como durante siglos se trató de justificar la violencia de los amos por la violencia de los esclavos.

Solo cabe esperar algo peor. Nuestro tiempo presenciará la lucha entre la Ilustración y la Edad Media. A largo plazo, no sabemos cuál de las dos fuerzas vencerá.

- Jorge Majfud es escritor uruguayo estadounidense, autor de Crisis y otras novelas.




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Tinkunaco 1.733/17 - Re: [catorce_bis] Movilización de la CGT a Plaza de Mayo

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Tinkunaco 1.732/17 - Re: [catorce_bis] Cursos AAL - La Prueba Pericial en el Proceso Laboral - Martes 22/8, 29/8, 5/9 y 12/9 - 17 a 19:30hs

Tinkunaco 1.731/17 - Re: [catorce_bis] Conferencia del Dr. Horacio Shick. San Nicolás.

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